sábado, 17 de marzo de 2018

Muchas pequeñas personas que en muchos pequeños sitios hacen muchas pequeñas cosas pueden cambiar la cara del mundo.


Después de estar todo el día limpiando una playa a 40 km de Accra, una ducha con el último cubo de agua transparente que me queda (el agua volvió ayer pero con un color marrón de dudoso origen) y de corregir unas veinte redacciones sobre la ablación, pateras, pérdida de derecho a estudiar por el mero hecho de ser mujer, me siento a contaros cómo ha sido la experiencia que he vivido hoy:

Ha sonado el despertador a las 5 y me ha costado saber dónde estaba. He empezado a pensar que si no iba no pasaría nada pero me he acordado de una alumna que había dicho que venía y esto me ha dado fuerzas para estar como clavos a las 7 en el punto de encuentro. Hemos tardado en salir. Resulta técnicamente imposible poder salir a la hora en Ghana, hagas lo que hagas. La vida aquí está llena de imprevistos previstos y de horas que se alargan, para el que espera, para que a todo el mundo le dé tiempo a llegar a su destino o a hacer lo que se había comprometido a hacer. Había pasado ya una hora y faltaba gente y la comida no había llegado todavía. No nos podíamos ir sin ella.

Un bus con 27 personas, si no me equivoco, y dos coches nos hemos dirigido a New Ningo, una playa cerca de Pram Pram, a unos 40 km de Accra para limpiarla de basura. La actividad ha sido organizada por Plastic Punch, una nueva Ong en Accra que lucha por eliminar el plástico de las playas y de nuestras vidas. Una amiga está dentro del equipo coordinador y resultó que un día hablando nos dimos cuenta de que las dos estábamos buscando información sobre plástico y Ongs en Ghana, sólo que ella fue más eficiente y se puso más manos a la obra que yo.

Después de hora y media de viaje por el tráfico hemos llegado al sitio, nos han explicado cómo tendríamos que trabajar: separar la basura en diferentes bolsas, dependiendo de si era plástico en general, botellas de plástico, cristal (no hemos visto, ya que se vende y creemos que la gente hace limpieza habitualmente), bolsas de plástico de agua u otro producto, orgánico o desechos. Nos han dado guantes, bolsas y nos hemos puesto en marcha. Al llevar cámara, me han dicho de hacer fotos hasta que llegara un voluntario que se iba a encargar de ello.

Aquí tenéis la foto de la playa antes de que limpiáramos:



Cuando recoges objetos grandes, se avanza rápido y parece que te cunda mucho. Cuando los objetos grandes (botellas, pelucas, zapatillas, zapatos, telas, redes, entre otros) ya están en bolsas y miras alrededor, ves que el suelo está repleto de mini trozos de plástico. Resulta imposible quitarlo todo y la palabra que repites una y otra vez en inglés, en español o en el idioma con el que sientes la impotencia y desamparo, es “frustrante”. Entonces, alguna persona se acerca y te pregunta: ¿Estás cansada? Y dices que sí, que un poco mareada, que hace mucho calor y que hay mucho y te da la sensación de que no sirve de mucho lo que estamos haciendo; entonces miras alrededor y ves a unas 200 personas moviéndose ágiles bajo un sol abrasador y entre olores a veces muy desagradable.

Estos proyectos carecen de sentido si no involucran a la comunidad local. Se han hecho cuatro viajes en bus para traer a los habitantes del pueblo de la playa y en cuanto han llegado, se han puesto a trabajar. Han venido muchos niños y gente joven y personas a las que no esperaba en absoluto encontrar en el territorio comanche. La mayoría sonríe y mientras llevan las bolsas ya llenas al punto de recogida, algunos hasta corren o bailan, así que vuelves a mirar hacia abajo y vuelves a buscar lo que has venido a buscar hoy: el plástico que nos envenena a todos, incluso a las tortugas, principal beneficiario de este gran proyecto.


Mi alumna. Qué orgullosa estoy de ella. Gracias, Freda.










En Ghana no existe un sistema de reciclaje, no se recicla el papel y el plástico ya son palabras mayores. Algunas empresas compran plástico para reciclar y hacer otro producto pero son muy escasas. El problema está en que la cantidad de plástico de un solo uso que se utiliza en Ghana es superior a la cantidad que se recicla: todo se vende en bolsas, la comida se sirve en cajas de poliespan, todas las bebidas, casi todas en botellas de plástico, se ofrecen con pajita, la comida para comer andando por la calle va en bolsas y el agua, como ya dije en alguna entrada anterior, se vende en saquitos de plástico por menos de 5 céntimos de euros el medio litro. El plástico ha evitado en África muchas enfermedades y que el agua, la comida, los productos se transporten en recipientes más ligeros. El plástico se ha hecho el rey de la casa africana, desbancando a la cerámica, al aluminio y al metal, y se puede ver en los cubos con comida, en los cubos de agua de baños y cocinas, en la en los recipientes para vender en la calle, en todas partes.

El sistema de recogida de basura corre a cargo de una empresa privada y el dinero que reciben las personas que se encargan de recoger la basura y llevarla al principal vertedero ubicado en Tema, a treinta km de Accra, es tan poco que no les llega para pagar la gasolina hasta allí y suelen tirarla en las cunetas de la autovía por el camino o directamente al mar. Apenas hay papeleras por la ciudad, ni en la universidad las puedes ver con facilidad y las alcantarillas se ven repletas de basura que estancan el paso del agua provocando inundaciones, enfermedades e incendios.

La gente estaba muy sorprendida que la mayoría de las bolsas pequeñas pertenecían a un tomate frito muy usado en Ghana. La mayoría de los platos ghaneses llevan salsa de tomate y no hay tantos tomates, ni estos son tan jugosos como para hacer tanta, así que la gente compra en cantidades ingentes un concentrado de tomate frito ya preparado. Hay gente que ha dicho que no va a volver a comprar de tanto que ha visto en el suelo. Otros no entendían por qué un producto que se usa en las casas estaba en la playa. Piensan que la basura que hay en la orilla viene de lo que la gente deja cuando va a la playa. No ven la conexión entre las alcantarillas, las bolsas de basura en la ciudad y el mar. No existe el sentido de la corresponsabilidad, de la conciencia ecológica y sostenible. Es normal. En mi país no hace mucho que llegó.



Hemos hecho una pausa para comer un poco de plátano frito y beber algo y hemos continuado un poco más pero tengo que decir que el sol estaba ya muy alto y el calor ha hecho que no hayamos estado todo el tiempo que habían planeado. Hemos subido las bolsas llenas para que la empresa que se encarga de recoger la basura en Accra se las llevara. Al cabo de un tiempo han venido y, con esfuerzo para que entraran todas en el contenedor que habían traído, no han dejado ni una. 

Cuando hemos terminado y ya me dirigía a subir al bar donde habíamos dejado todo, he empezado a mirar al suelo otra vez, quizá ya por defecto después de unas horas haciéndolo y me he descubierto a mí misma recogiendo guantes del suelo. “¿Pero qué no habéis entendido de lo que estamos haciendo?”, he dicho en voz alta. “No podemos venir a recoger plástico para dejar otro”. No lo habían ni llegado a pensar. Toda actividad en el campo de batalla necesita una formación de sensibilización para que se llegue a entender qué es lo que realmente se está haciendo, por qué y para qué.

El bus ha hecho varios viajes y hemos ido a una de las iglesias del pueblo a comer. La madre de uno de los coordinadores ha preparado comida para todos los voluntarios: arroz yollof, banku, pollo o pescado frito que hemos comido en platos de papel o hojas de plátano. Las cucharas eran de metal y seguramente no las habrán recuperado todas, pero al menos no se han usado las de plástico.

Repito: no hay eficacia en un proyecto de cooperación si no se integra a la comunidad local. En el proyecto de hoy, los locales han ganado a los occidentales por mayoría y para mí, eso es lo más importante. Ya había gente preguntando cuándo se iba a hacer la siguiente. No hay nada mejor que estas palabras que explique el éxito de la actividad.

Para mí, estas son las personas y rostros del día, las que han hecho que me quedara sin palabras cuando ya no podía recoger más del calor, cansancio y occidental desmotivación. A ellos va este texto, va mi esfuerzo de hoy:












2 comentarios:

Salamanca dijo...

OLE OLE. uN BESAZO en un día lluvioso (últimamente, para variar)

Elisa Marraco Anda dijo...

Gracias por haber ido y por todas tus reflexiones, muy valiosas. Ole tú!