lunes, 20 de febrero de 2017

SOLEDAD Y AMOR A UNO MISMO

Aquí os dejo un vídeo precioso y muy interesante que he visto hoy.

Ahí van mis breves y rápidas reflexiones nada más verlo:






Será por eso que aquí, no sé por cuánto tiempo, todavía sientes esa unión con la humanidad cuando vas por la calle, de camino a cualquier sitio, y la gente te sonríe, te saluda, te pregunta cómo estás, adónde vas, cómo te llamas. Aquí, por muy dura que sea la vida, el día a día todavía huele a humanidad.

De ahí que el extranjero se sienta tan halagado con tanta atención y señales de afecto. 

El sábado, sin ir más lejos, vi a un hombre extranjero llenándose el corazón de miradas y sonrisas de la gente que se iba cruzando a su paso. Tenemos corazones vacíos que deambulan por la calle en busca de amor. Es aquí, en el origen de todo, donde aún se pueden encontrar esas pinceladas de aliento en un semáforo, un mercado, un "hola" o una sonrisa. 

Los jóvenes empiezan a indagar en las redes sociales y a mí ya me han dicho "no me gusta estar solo, por eso entro todos los días, por eso miro qué hace la gente". La soledad es algo universal, necesaria; todos, como seres humanos unidos a la supervivencia, preferimos ponerle remedio a aprender a amarla y aceptarla como un estado más del ser humano que nos permite ser conscientes de nosotros y de nuestra esencia. Nos aterra el silencio y la soledad porque abre paso a la voz de nuestra alma, tan necesaria como el oxígeno que respiramos.

domingo, 19 de febrero de 2017

AKWAABA DA


Hola a tod@s,

Cuando empecé a escribir esta entrada sólo habían pasado tres semanas desde mi llegada pero ahora ya vamos por el mes después de mis vacaciones en España durante casi un mes. Me habría gustado escribir hace mucho, pero no he tenido tiempo.

Qué fácil habría sido si ya tuviéramos inventado algún invento que nos permitiera transcribir todas las emociones y reflexiones que pasan por tu cabeza y tu corazón cuando vives algo único e irrepetible como por ejemplo una despedida, un encuentro, una vuelta a la rutina dentro de una novedad como puede ser un viaje o una experiencia en el extranjero.

Mi casi mes en España fue muy completo porque me dio tiempo a visitar a toda la familia y a disfrutar de mis amigos, aunque no siempre todo el tiempo que a uno le gustaría.

Los primeros días fueron intensos, con sorpresa de cumpleaños incluida, viaje a Huesca y Valladolid unos días. Las semanas en Elche discurrieron a otro ritmo y pude ver a prácticamente todo el mundo que me había propuesto. Disfruté de desayunos, almuerzos, comidas, meriendas y cenas irrepetibles con amigos, bailes, danza, cine, tardes con la mamma, siestas con mis gatos, comilonas de reyes en casa, playa y muchos más momentos que aproveché al máximo.

Cuando llegué a Madrid desde Accra, tengo que decir que llegué a coger el tren cuando faltaban sólo dos minutos antes de que saliera. La carrera por una Atocha repletita de gente en los andenes de los cercanías, cargada de una maleta de 22 kilos y otra de 10 a la espalda, sin percatarse mi lengua de que estaba en España al no parar de decir “sorry” cada vez que le daba a alguien con uno de mis bultos durante mi carrera contrarreloj, va a ser algo que no voy a olvidar. Al igual que en Ghana, me sobraba toda la ropa y si no llega a ser porque Madrid me recibió con una tarde gris de invierno y no tenía tiempo ni de respirar, me habría quedado en camiseta de manga corta.

Cuando llegué a Alicante, después de unas horas en el tren con una mujercilla de Albacete que me entretuvo mucho y me llenó la tripa de polvorones, me acerqué nerviosa a la puerta de salida. Allí estaba mi madre, sacando la cabeza para poder ver si era yo la que se acercaba o no, con una sonrisa de oreja a oreja y haciéndose hueco para salir a estrujarme. “¿Por qué te vas tan lejos?” Fueron sus palabras mientras lloraba de emoción y supongo que pena.

Cuando llegué a Elche hubo algo que me empezó a inquietar; algo me estaba llamando la atención y no sabía qué era. De repente caí en la cuenta… ¡qué limpio y ordenado me estaba pareciendo todo! Nunca habría dicho que Elche era una ciudad limpia, ordenada, en equilibrio, pero creedme…después de estar en África todo te parece otro mundo. Me llamaron la atención los maceteros en las calles, las aceras con acceso a los carros, los semáforos que funcionan, aunque al igual que en África, los viandantes no respetan.

Mis vacaciones a España me cargaron las pilas de besos, abrazos, mimos, gambas y langostinos y mi maleta, que llegó repleta de regalos para todos lo que pude en este primer viaje, se volvía hasta arriba de lentejas, aceite, pimentón de la vera y latas de mejillones y berberechos.

Recuerdo un día que mi madre me dijo: “tienes que volver ya a África porque sacas ya una cara de aburrida…” y le expliqué que no era aburrimiento sino la sensación de no estar ni aquí ni allí; la imagen de no sentirte en casa cuando estás en tu casa. Y no es porque no haya sentido a la familia, a los amigos cerca, todo lo contrario, o extrañes el colchón o el calor, sino porque creo que estaba en un punto en Ghana en el que me sentía muy muy integrada y de repente (por muchas escalas que haga no me acostumbro a cambiar de paisaje y de olores de la noche a la mañana) te encuentras en tu casa, tu hogar, con tu gente y tus cosas. Elche se me antojó como una maqueta, como si yo realmente no estuviera allí, como si fuera un sueño.

Esa sensación fue cambiando conforme iban pasando los días y a veces, cuando pensaba en África, me parecía que había sido un sueño, algo que había vivido hacía muchísimo tiempo, e incluso a veces me preguntaba si llegaría el día en el que pudiera pensar que habría sido un sueño de verdad y nada de lo que he vivido habría pasado en realidad.

No quería irme, días antes de marcharme ya echaba de menos a todo el mundo, la comida, los abrazos, pero sabía que tenía que irme, sabía que mi sitio estaba un poquito más abajo en el globo. Las despedidas como siempre son dolorosas. Me costó mucho despedirme de mis amigas en una cena que hicimos todas juntas, me costó mucho despedirme de mi gata, que cuando me vio otra vez con la maleta a cuestas se escondió debajo de una silla y no quiso salir a despedirme; me dolió mucho separarme de los hijos de mis amigas, mis sobris, porque cuando los miras te das cuenta de que el tiempo sí que pasa, y que no es como piensas que estás en otra realidad y la realidad de tu mundo se detiene, se queda en pausa hasta que vuelves. Con ellos ves el tiempo que estás fuera, y te duele, sí, te duele no vivirlo con ellos.

Sin embargo, como siempre, la despedida que más me costó es la de mis padres. A cambio de unas entradas para ver el Rey León, me llevaron a Madrid a coger el avión (creo que hice un trato justo) y pasamos allí el día antes de la salida. Hasta el último momento estuvieron a mi disposición porque me faltaban unas cosas por comprar y ellos sin protestar se volvieron a adaptar a mi ritmo y estuvieron todo el rato acompañándome en todo.

Ya en la cola para facturar empecé a llorar. La gente que me conoce sabe que lloro por cualquier cosa y las despedidas me gustan porque veo en ellas una muestra de cariño y afecto que a veces si no existieran no haríamos. Y la mayoría de las veces, una despedida implica otro encuentro. Desde el momento que sabes que te vas, empiezas a echar de menos a alguien y desde esa pena, disfrutas de los momentos con ellos de forma distinta, más consciente.

Mi madre me preguntó “¿pero esta vez por qué lloras? Ahora ya sabes dónde vas”. Y era cierto, los nervios a lo desconocido ya no estaban, pero volvía a dejar a las mismas personas al otro lado del control de seguridad. Y sí, me encanta llorar.

Recuerdo seguir llorando hasta que llegué a la puerta de embarque, tren lanzadera incluido, y no olvidaré llegar a mi puerta, encontrar un asiento libre, sentarme y al levantar la mirada cruzarme con la de un hombre africano que esperaba en la misma puerta que yo. “Hola”, me dijo con la mejor de sus sonrisas. Dejé de llorar. Volvía a estar en casa.

En Marruecos tuve casi cinco horas de escala que transcurrieron como diez minutos gracias a un senegalés que también tenía que esperar el mismo tiempo que yo, aunque a un destino distinto al mío. Qué fácil era con ellos. Qué bonito regreso.

Accra me recibió de madrugada, con el sol todavía durmiendo. Qué diferentes sensaciones a la primera vez. Aun siendo la misma bofetada de humedad que recibes nada más salir del avión (debes cruzar la pista andando, lo que lo hace más auténtico), la llegada a inmigración ni por asomo es la misma; sabes dónde coger el papel que hay que rellenar, sabes adónde ir y sabes qué contestar. Salí de las primeras y una policía de inmigración quiso saber qué traía en mi maleta, afortunadamente sólo en la que no llevaba los diez litros de aceite y las mil especias. Salí a la calle, como si hubiera hecho eso mil veces. Me di una ducha y a dormir. Bienvenida a casa.

Y sí, ya ha pasado un mes. Madre mía. El tiempo pasa volando. Ha sido un mes muy intenso, con mucho trabajo. Me alegré de haber llegado dos semanas antes de empezar el curso porque tuve varios cursos, seminarios, reuniones, poner en orden notas del semestre anterior y preparar programaciones para el siguiente.

Tengo asignaturas y alumnos nuevos y estoy muy contenta. Llevo la asignatura de orales para los de primer curso y verlos hablar gracias a tus actividades es un placer. Son ochenta alumnos nuevos más y me tendríais que ver aprendiendo todos los nombres, sin contar que ellas cada semana se cambian el pelo, lo que lo hace una tarea imposible.

Estoy aprendiendo twi, que es uno de los idiomas locales del país. He intentado apuntarme a los cursos de la Universidad pero ha sido misión imposible. Al final, he optado por sacar los libros de la biblioteca y alguno de una amiga y ponerme en casa. Nada mejor como la calle para preguntar por la pronunciación de palabras imposibles a primera vista.

Ya he empezado con el cambio de vestuario y he encargado unos vestidos y faldas de lo más africanas, dentro de nada ya sí que pareceré una más. Me ha venido a la cabeza que ayer cuando salía de la tienda donde he comprado las telas, en el mercado Makola que tanto me gusta, había música en toda la calle y unas cinco o seis mujeres entre 60 y 70 años cuando vieron que se me ocurrió mover el hombre un milímetro al compás de la música me agarraron y me invitaron a bailar con ellas. Toda la calle estuvo mirando mi actuación y hasta alguno se atrevió a decir que lo había hecho muy bien. No se puede pedir más.
                                                                                                         
Espero poder tener más tiempo para ir actualizando todo. Esta segunda etapa del viaje está siendo muy muy autóctona y se me olvida que aquí sigo siendo una turista.

Prometo teneros informados de nuevo.

Os dejo aquí unas frases que he leído hace poco y que están relacionadas con la entrada de hoy:

“La familia es como el bosque. Si estás fuera de él, sólo ves su densidad. Si estás dentro, puedes ver que cada árbol tiene su propia posición.”

“En teoría, no se puede trasplantar un árbol de tronco grueso, ni una flor crecida. Se moriría. A no ser que caves un enorme agujero  y permitas que las raíces arrastren la mayor cantidad de tierra posible y las riegues continuamente. Además, las raíces de una persona no son objetos físicos que se agarran a la tierra como las de los árboles. Las raíces se llevan dentro. Son los tentáculos que se extienden a lo largo de nuestras terminaciones nerviosas y os mantienen enteros. Van contigo a donde tú vas, vivas donde vivas.”

martes, 31 de enero de 2017

Artículo sobre las elecciones en Ghana

Hola a todos,

hasta que vuelva a encontrar un hueco para poder poneros de nuevo al día, os dejo mientras un artículo de una amiga mía en Accra que ha escrito sobre las elecciones en Ghana este pasado diciembre.

http://www.africaye.org/elecciones-ghana-nuevo-gobierno-nueva-era/



Un abrazo a todos.




jueves, 5 de enero de 2017

ESPAÑA

No pude decir nada hasta ahora porque quería darle una sorpresa a mi amiga Ana. Ahora ya puedo decir que llegué el día 21 por la tarde a España y vuelvo a Accra el 15 de enero.

La verdad es que no contaba con ir a España en Navidades. Recuerdo hablar con alguien y decirle que no echaba de menos España aún y mi idea inicial era viajar a algún país de África durante las vacaciones. Sin embargo, cuando me dieron el permiso de trabajo y vi que era muy difícil organizar un viaje a otro país con tan poco tiempo, empecé a proyectar el viaje a España y empecé a sentir las ganas de ir.

Aún me queda una semana pero se me ha pasado el tiempo volando. He estado unos días en Huesca, otros en Valladolid y ahora unos días en Elche. He estado un poco desubicada, como también creo que lo estaré cuando llegué allí de nuevo. Lo que más me llamó la atención cuando llegué y aún lo está haciendo es lo limpias que veo las calles, la existencia de tantas aceras, de los setos tan bien recortados al lado del asfalto. Del orden que tiene todo, de los protocolos, el silencio.

Allí me llaman "mujer indígena africana", porque muchas veces soy más africana que ellos mismos, y aquí me dicen que cada vez estoy más negra.

Ahora mismo ni estoy aquí ni estoy allí, sólo sé que cuando llegue allí voy a echar de menos a mi madre, mi gata, mis amigas y los berberechos así que voy a intentar aprovechar al máximo el tiempo que me queda y coger aire para una segunda temporada en la que se está convirtiendo en mi segunda casa. Me duele irme pero más me dolería no poder volver a África. Me he dejado medio corazón allí, entre mangos y sonrisas.

Os dejo unos recuerdos de estos días en la Península.


Me reconoció al instante. No de deja sola ni un segundo. 


Qué solitario he encontrado Elche. Qué tranquilo, qué limpio, qué serio, qué aburrido, si me lo permitís.


Sorpresa en clase de danza. Esta semana he ido a clase. Cuánto lo echaba de menos...


Mi familia en Huesca. 


Valladolid. No recuerdo si fue ese día, pero llegamos a los -11ºC.


De paseo exprés a ver el hielo con la mama.





Faltan imágenes de muchos momentos con los amigos pero como andan ya alrededor peques, no he querido poner fotos.


Os dejo hasta dentro de unas semanas, que ya os cuenta cómo ha ido mi vuelta. De momento, voy a por la última semana en España.

Un abrazo a todos.

Ruth.

NAVIDAD

A mí la Navidad nunca me ha gustado por lo que significa, pero es verdad que para mí, desde pequeña, ha implicado viajar y estar unos días con la familia que siempre está lejos. Este año, llegó a Accra un poquito de España en forma de esta cesta de Navidad de mi gran Nieves. 

Han abierto supermercados DIA en Accra pero yo me resisto a comprar nada. No tiene precio recibir estas cosas desde España. Me comí la mojama en dos sentadas y yo, que no soy nada quesera, devoré los quesos como si me hubiera criado entre ovejas.



Me dejaba el aceite en la primera foto y la parte de atrás de la postal, con diseño de mi sobri.


Y nada, días antes de ir a España estuve corrigiendo sin parar. En total, 80 exámenes de traducción y redacción. No me dio tiempo a terminarlos todos así que a mi vuelta toca trabajar un poco.



VISITA EXPRÉS A TOGO

La Embajada española en Accra, que también gestiona Togo, subvencionó un proyecto de danza contemporánea de una chica española en Togo, así que me escapé el fin de semana del 16-18 de diciembre y aproveché para visitar a la familia de mi nueva amiga Queen, de Togo. Salimos las dos juntas en trotro desde Accra. En tres horas si no hay tráfico estás en la frontera.



Atención a cómo está sujeta la puerta del taxi que cogimos en la frontera para entrar al país.



Me hizo gracia cómo se anuncian la venta y alquiler de inmuebles. 

Lomé me pareció a primera vista más pobre que Accra, más humilde, más pueblo. 



Me impactó esta tercera persona sentada encima del cambio de marchas.


Apenas hay asfalto y sin darte cuenta, la moto que te lleva de un sitio a otro porque no hay transporte público, se mete en un camino de arena y agujeros que te obliga a mirar hacia adelante y decir, "no tiene por qué pasar nada, somos 500 motos más haciendo lo mismo". 


Una gasolinera.




Otra gasolinera.


Aïda y las baiilarinas elegidas para participar en el proyecto de danza "ELLA POEMA", subvencionado por la Embajada. Fue un placer poder disfrutar de uno de los ensayos y tardes de creación. 




Aquí tenemos un centro de belleza. 


Los vecinos de la familia de mi amiga, que poco a poco se fueron metiendo en casa con vergüenza porque estaba yo, pero tardaron minutos en empezar a sonreír y pegarse a la cámara.


Me comentaron que hay mucha diferencia entre un país que ha sido por colonizado por franceses y otro que lo ha sido por los ingleses. A mí no me dio tiempo a averiguar mucho pero si hubo algo que me llamó la atención es que todos, todos, sin excepción, pasan el día riéndose. No importa de lo que estén hablando, empieza uno a decir algo, otro ríe, el otro dice otra cosa y se ríe otro. No dejan tiempo al silencio o al mal humor. Pasaban horas y se olvidaban que yo estaba con ellos Entre ellos no suelen hablar francés y durante horas ellos se sentían cómodos hablando su idioma local. Hubo cosas que por gestos o estrujamiento de cerebro entendía pero en general sólo veía a una familia feliz, hablando de todo y riéndose por nada.




Una de las alegrías de la casa. Con dos semanas de vida, está pequeña era todo pelo. Me encantó la naturalidad con la que llevan la crianza, la facilidad con la que te la dejan para poder aprovechar y hacer cosas de la casa. 



Me enamoré de la forma que tienen de lavarlos. Los dos cubos de la izquierda tienen agua fría y caliente y una vez mezcladas, va cayendo en el barreño de debajo de las piernas de la mami. 





De este pequeño me enamoré a primera vista.


Fue una visita muy breve pero muy intensa. Dormimos toda la familia junta en dos habitaciones, en el suelo, sin ventilador y con una moto a mis pies que desprendía tal olor a gasolinera que apenas dormí. Estuve con ellos en casa, sentada en la calle con los vecinos que entraban y salían en casa sin avisar y gritando y riéndose sin parar; paseé con el pequeño por el barrio presumiendo a los vecinos de que era mi hijo, a pesar de que decían que era muy negro para ser mío y yo contestar que el padre era muy muy negro y por eso no había salido mulato; quedé a cenar con Aïda, que me contó con más detalle el proyecto.
Tuve que volver antes de tiempo porque me avisaron de que  tenía que corregir los exámenes antes de irme.

Prometí volver a visitarlos. Ya echo de menos esas sonrisas.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

PRIMERA VISITA DESDE ESPAÑA

Para el puente de diciembre recibí un regalo: el hermano de mi mejor amiga Nieves y su novia venían a pasar una semana en Ghana. Aquí os dejo algunas de las fotos de nuestra semanita juntos. Como podéis ver, sufrimos mucho pero mucho mucho:








En el hotel tenían un proyecto de protección de las tortugas.


Eso es paciencia y lo demás son tonterías: quitando las malas hierbas una a una de todo el césped.











Para pescar cangrejos de río.





Atentos a los escudos del Barça pintados en los barcos.


¿y el Vodafone pintado a mano?













Nacieron mientras veíamos atardecer.



Un amanecer a las 6 de la mañana. 










Estas niñas estuvieron todo el día esperando a que les compráramos lo que vendían. Fran y Loli les dijeron que a la tarde les comprarían, y ellas pacientemente esperaron. 





Visita al Kakoom National Park, donde paseamos por siete plataformas como ésta. Estuvo muy bien pero muy corto. Intentamos disfrutarlas todo lo que pudimos pero se recorren en un muy poco tiempo.











El continente africano.


Bambú.


Nuestro taxista, que me preguntó que cuántos hijos quería tener y que quería que nos conociéramos más...tenía clarísimo que quería casarse con una blanca. Tenía tierras y ganas de montar un hotel con su futura mujer. Aquí lo tienen todo pensado, oye.


Visitamos el fuerte de Elmina, que sirvió de punto de comercio de esclavos. 






El olor que había donde estaban hacinadas las mujeres es algo que creo que no voy a poder olvidar nunca.




Por la tarde-noche aparecen niños como si de cangrejos al amanecer se tratara.


Este niño vendía cocos.











Último día en casa y en Accra.


Aquí os dejo fotos hechas por Tania de la misma semana que hemos pasado juntos. No he sabido copiarlas en el orden que les correspondería:


Primer viaje en trotro para los huéspedes.


Terraza improvisada de un bar.




Barrio de James Town, el barrio más antiguo de la ciudad que todavía no conocía. Me enamoré.








El edificio más alto de todo África Occidental está en Accra y tiene un bar arriba del todo. 


Tras siete horas de viaje en autobús para ir a la playa, el techo iluminado fue todo un regalo.


Cenita de bienvenida espectacular.


¡Buenos días!


La ducha.








La última noche antes de que volvieran a España, eran elecciones y las vivimos en un bar con locales. Una vez el antiguo presidente felicitó al nuevo, todos empezaron a bailar y en la ciudad parecía que el Barça había ganado el Mundial.

Fue una semana muy intensa y emocionante. Me encanta recibir visitas y conocer con ellos rincones nuevos de mi nuevo destino. A todos les espero de nuevo el próximo año.